Bicapel era un pueblo tan bonito, tan bonito que aunque no tenía parques ni árboles parecía un bosque en Otoño.
Era tan pequeño, tan pequeño que sólo tenía una puerta desde la cual se accedía a todas las casas.
Tenía tantos tejados, tantos tejados que a las casas nuevas ya no se lo hacían.
Y era tan alegre, tan alegre que sus habitantes no querían salir nunca de él .
Pero un día llegó un señor en un camión, tan grande tan grande que no cabía por la puerta de Bicapel y se tuvo que quedar fuera. El señor preguntó por la tienda y el alcalde de Bicapel le contesto, No no no señor del camión en Bicapel no tenemos tienda, ni grande ni pequeña, ni bonita ni fea.
Y la cafetería? no tenemos, pero vamos todos tomamos café en casa de la señora Andresa, venga venga.
Pasaron por la casa del señor Manuel, de Doña María y de Rafael, y tomando café el señor del camión se enamoró de Antonia, la única chica soltera y triste de Bicapel y al día siguiente se casó con ella. Se fueron de viaje de novios con el camión y vieron tantos tantos pueblos bonitos que Antonia nunca quiso regresar a Bicapel.
Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Hola Doctora, he conocido tu blog un poco de casualidad, no se si aún lo mantienes en activo aunque supongo que no...pero bueno aún así quería dejarte un comentario a modo de saludo!
ResponderEliminarEspero que todo vaya bien,
Un saludo,
Francisco M.