Actualmente en las tiendas H&M se puede encontrar Moritz, un cuento para niños sin texto que cuesta menos de 5 euros de los que un 25% serán donados a UNICEF.
Un regalo bien chulo, barato y solidario para regalar estas Navidades, la única pega es que al no tener letra el p/madre de la criatura a quien le regales el libro tenga escasa imaginación y convierta su lectura en una experiencia poco emocionante. Para evitarlo aquí os dejo la interpretación libre que hago yo del libro.
Texto para Moritz
Por fin había llegado el día que Moritz llevaba esperando tanto tiempo, su décimo cumpleaños. No es sólo que quería hacerse mayor, que lo quería, si no que diez años era lo que necesitaba poder unirse al club de exploradores del colegio.
Sus padres habían llenado la habitación de globos y banderolas, la abuela Verbier le había preparado una tarta de fresas y a los pies de su cama había un regalo. Moritz lo abrió cuidadosamente porque no quería dañarlo, y sí, era lo que él imaginaba, el gorro de oso que tenía su padre en el colegio, cuando había sido el jefe de exploradores. Se lo probó en el espejo, cogió los globos y salió corriendo para enseñárselo a sus amigos.
Encontró a Klosters y Gstaad en el pequeño bosque azul, "Ja Ja, vaya regalo más cutre, un gorro de lana viejo de tu padre, a mí por mi cumpleaños me regalaron un Ipad", dijo Klosters, " y a mí una bicicleta grande" añadió Gstaad.
Moritz rompió a llorar porque sus amigos se estaban burlando de él y no eran capaces de entender que aquel era precisamente el único regalo que él quería por su cumpleaños.
De repente los amigos de Moritz, que no tenían el espíritu de explorador que él había heredado de su padre, corrieron a esconderse detrás de él ya que vieron que frente a ellos se encontraba un temible oso de Zermatt, negro y enorme que empezó a avanzar hacia ellos. Los tres niños estaban asustados pero al levantarse el oso y empezar a rugir fue cuando empezaron a estar, aterrado Moritz, horrorizado Gstaad y espeluznado Klosters.
Antes de comérselos el oso de Zermatt volvió a ponerse a cuatro patas y cuando ya estaba abriendo la boca para merendárselos, vio que el gorro de lana que llevaba el primero de los niños le resultaba gratamente familiar, le miró a los ojos y se dio cuenta que también tenía los mismos ojillos bondadosos que el muchacho que años atrás le había salvado la vida.
Empezó a lamerle y a emitir sonidos cariñosos, estuvieron jugando un rato y al caer la noche el oso y los niños se marcharon a dormir. Los niños estaban muy contentos porque habían salvado sus vidas pero también porque habían pasado la tarde increíblemente jugando con un temible oso de Zermatt.
A la mañana siguiente Klosters y Gstaad aparecieron en el colegio con los viejos gorros de sus padres, y es que a todos ellos, al explicar a sus padres lo que había pasado esa tarde en el bosque azul les fue contada la historia de Saas Fee, una aventura que pasó hace muchos años y cuyos protagonistas también fueron tres niños y un oso, un cachorro de oso. Y colorín colorado esté cuento se ha acabado.