Aquella mañana a Javier, a Mar y a su madre les cayó el diluvio universal de camino al colegio. Pese a ello, no fue muy dramático porque era el último día de colegio. La mamá de está historia, como todos los niños que había en el patio, estaba contenta, iban a ser las primeras de Javier como estudiante oficial, los años anteriores era un pequeñajo que iba a una guardería (la misma a la que va su hermana, por cierto) en la que no había vacaciones de verano, y tenía muchos planes divertidos para hacer con él, aunque nada nuevo de lo que ella solía hacer en sus descansos estivales, para que nos vamos a engañar.
En medio de este ambiente de alegría y desenfreno, destacaba un grupo de madres llorando desconsoladamente, nuestra mamá, que lleva a una socióloga (o a una cotilla, según se mire) dentro, se acercó a interesarse por los motivos de tal amargura.
Era su último día como madres de primaria, al alejarme una de ellas me dijo:
"Aprovecha porque antes de que te des cuenta estarás tú en la misma situación".
Y nada más llegar a casa empecé un blog parecido a este.

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